Oración a Padre Nuestro

Oración a Padre Nuestro

Las oraciones, formadas con palabras ritualizadas, son una de las maneras que crearon los pueblos para comunicarse con sus dioses, como si estos fueran personas que oyen y responden.

El padre nuestro o padrenuestro; según los dichos del Evangelio de Mateo y el Evangelio de Lucas, fue la oración creada por Jesús de Nazaret para enseñar a sus discípulos a orar.

Es la oración cristiana por excelencia para las iglesias católica, ortodoxa, anglicana y protestante. Se considera la oración más popular y reiterada entre los cristianos.

Al reflexionar sobre el significado de las palabras del Padre nuestro, se descubre el significado de cada frase que contiene la oración.

Al decir:

“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre”; manifestamos que nos dirigimos a Dios, nuestro Padre y como somos sus hijos, podemos hablar directamente con él, con total confianza y en cualquier momento porque siempre nos escucha.

Igualmente, debemos dirigirnos a Él con una actitud humilde, reconociendo su grandeza y su santidad.

Al decir:

“Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Enunciamos la confianza plena en su voluntad, reconociendo que Dios sabe lo que nos conviene en cada momento y cualquier situación.  Manifestamos la convicción del amor y protección que ofrece para nuestra propia existencia y para toda la humanidad. ¡

Al decir:

“Danos hoy nuestro pan cotidiano”. Requerimos el sustento diario; las necesidades primordiales y específicas del día – ni ostentaciones ni antojos-. También pedimos por las necesidades de los otros. El deseo debe ser sustento, alimento y techo para toda la humanidad.

Al expresar esta frase hay que recordar ser humildes y agradecidos.

Al decir:

“Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores”. Es el momento en que reconocemos los errores cometidos y pedimos perdón a Dios, pues solamente Él perdona plenamente, brindando la posibilidad de un nuevo comienzo con el corazón sano.

En este instante hay que mirarse interiormente y reconocer cuál ha sido la actitud de perdón que asumimos frente a quienes han cometido faltas contra nosotros.

Al decir:

“Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno, porque tuyos son el reino, el poder y la gloria para siempre. Amén.

Con esta expresión pedimos su protección y victoria, porque como seres humanos podemos mostrar debilidad y Dios no nos abandona en la lucha contra las tentaciones y el mal.

El Padre Nuestro debe repetirse desde lo más recóndito del corazón y exponer lo que inquieta nuestro ser. Al rezar hay que reconocer la grandeza de Dios y la necesidad que el hombre tiene de él y de su intervención en la vida de todos y cada uno.